El motociclismo nace a finales del siglo XIX como una evolución directa de la bicicleta, cuando los primeros ingenieros comenzaron a experimentar con pequeños motores de combustión interna. En 1885, Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach construyeron lo que muchos consideran la primera motocicleta de la historia, una estructura de madera con un motor monocilíndrico. A partir de ese momento, la moto dejó de ser un experimento para convertirse en un medio de transporte revolucionario.
Durante las primeras décadas del siglo XX, marcas como Indian, Harley-Davidson, Triumph o Norton impulsaron el desarrollo técnico y la popularidad de las motocicletas, especialmente en Europa y Estados Unidos. Las motos demostraron su utilidad tanto en el ámbito civil como militar, especialmente durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde se usaron para mensajería, reconocimiento y movilidad rápida.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el motociclismo vivió una etapa de expansión global. Japón irrumpió con fuerza en los años 50 y 60 gracias a fabricantes como Honda, Yamaha, Suzuki y Kawasaki, que apostaron por motos más fiables, accesibles y tecnológicamente avanzadas. Este período marcó el inicio de la producción masiva y del motociclismo moderno.
Paralelamente, el motociclismo deportivo ganó protagonismo con competiciones como el Isle of Man TT, el Motocross, el Superbike y el actual MotoGP, convirtiendo a la moto en símbolo de velocidad, innovación y pasión.
Hoy, el motociclismo combina tradición y tecnología: desde motos clásicas hasta modelos eléctricos y de altas prestaciones. Más que un simple medio de transporte, la motocicleta representa libertad, identidad y una cultura global que sigue evolucionando generación tras generación.